Anna Stern

Conoce a Anna, quien pasó toda su vida compitiendo en programas deportivos de élite y alto rendimiento tanto en fútbol como en rugby. El deporte estaba tan entrelazado con su identidad como persona que, cuando adquirió una discapacidad a los 22 años, sintió que lo había perdido todo. Ya no podía practicar los deportes a los que había dedicado tanto tiempo y que también eran su fuente de comunidad, pertenencia y autoestima.

Anna es sobreviviente de cáncer en múltiples ocasiones y fue diagnosticada originalmente cuando tenía 8 años. Su enfermedad y los efectos a largo plazo de los tratamientos causaron sus discapacidades. Tiene pérdida auditiva y un trastorno neurológico del movimiento llamado distonía, que provoca hipertonía y discinesia, afectando todos los músculos del lado derecho de su cuerpo. También tiene múltiples dificultades de aprendizaje, lo que hizo que la escuela y la educación formal fueran muy desafiantes. Siempre encontró sentido de pertenencia en el deporte, ya que era lo único que le resultaba natural.

**“El acceso al deporte cambió mi vida. Cuando adquirí mi discapacidad, me sentía muy perdida, sola y enojada. Pensé que había perdido el deporte para siempre, lo que provocó una especie de crisis de identidad, porque gran parte de quién era estaba ligada a ser atleta. El ya no poder jugar en los equipos convencionales en los que participaba cambió instantáneamente mis interacciones sociales del día a día. Perdí mi comunidad y mi sentido de normalidad. Recuperar el acceso al deporte me sacó de un lugar muy oscuro.

La participación en el deporte también puede ser muy formativa durante el crecimiento. El deporte nos enseña a enfrentar desafíos, lidiar con el fracaso, perseverar ante las dificultades y construir relaciones y confianza con las personas que nos rodean. Estas son habilidades de vida que se trasladan a la vida diaria, durante toda nuestra vida.